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Duración del proceso y frecuencia de sesiones

La cantidad de sesiones depende de dónde estás y dónde quieres llegar en tu proceso o, dicho de otro modo, en función de la problemática que traes y los objetivos que quieras alcanzar.

Al empezar el trabajo, durante las primeras siete sesiones seguimos una receta para abordar los diferentes aspectos del cuerpo desde varios ángulos que son comunes para todo el mundo, tales cómo la respiración (tórax), el apoyo (pies y piernas), las formas en las que las funciones cognitivas y sensoriales, tales como el pensamiento y la percepción, etc. se manifiestan en el cuerpo (lados). Dos sesiones se centran en la pelvis, una en los hombros y brazos y una en la cabeza.

Después el trabajo se organiza en función de las necesidades individuales de cada persona para integrar todos los aspectos del cuerpo de forma óptima en relación al campo gravitatorio de la Tierra. Desde luego, las primeras sesiones también se adaptan a las necesidades individuales de cada uno, pero dentro de su temática particular. La Dra. Rolf quien, por decirlo así, era la abuela del DFA, solía organizar el trabajo de integración estructural en diez o quince sesiones: después de las siete, tres de integración, más cinco avanzadas.

En el DFA, al incluir en el trabajo con el cuerpo temas como los sistemas de creencias reflejadas en las formas del cuerpo, los aspectos emocionales sujetos en los patrones, la diferenciación entre la propia experiencia y lo absorbido de generaciones anteriores..., resulta imposible establecer un número fijo de sesiones. Cada sesión en sí es completa e integra todos los aspectos del cuerpo en relación a la gravedad para obtener un apoyo y una libertad de movimiento óptimos según las posibilidades del momento de cada uno.

No obstante, las diez sesiones de la integración estructural también a nosotros nos dan una estructura como ciclo inicial, o quince sesiones como ciclo inicial avanzado. Pero el reconocimiento de patrones somáticos es un proceso de aprendizaje y es acumulativo. En estas diez o quince sesiones podemos enseñar un método de trabajo con uno mismo en relación al entorno natural y social, pero igual que en cualquier otro proceso de aprendizaje, es la práctica lo que lleva a la maestría. Para muchas personas es imprescindible poder contar con el apoyo continuado de una guía experimentada en el terreno abarcado por el cuerpo y la mente.

Por tanto, con muchas personas establecemos un acuerdo de un proceso de sesiones semanales que va a concluir cuando una de las dos partes o ambas consideramos que los objetivos están alcanzados o se plantea la conclusión del proceso por otras razones. A partir de ese momento dedicamos un mínimo de dos sesiones a confirmar la conveniencia de concluir y/o atar posibles cabos sueltos para que la persona se vaya con el máximo de apoyo posible y una óptima comprensión de sus herramientas en el camino de su vida.

Ya que es difícil imaginarse el alcance de este trabajo sin haberlo experimentado, con frecuencia hacemos unas sesiones, antes de entablar un compromiso de continuidad. No obstante, la posibilidad de un trabajo continuado a lo largo de un tiempo x, y el procedimiento para concluirlo, se plantea desde el principio.

Hay personas con las que trabajamos durante años, otros vienen para una intervención puntual. A veces una sola sesión puede dar el toque necesario para ver claro una cuestión o encontrar la orientación adecuada para seguir el camino.

 

 

Duración del proceso y frecuencia de sesiones