El movimiento no sólo es lo que hacemos, también es lo que somos. Respirar, pensar, sentir, hablar, actuar, interactuar, relacionarnos, vivir y convivir, todo esto es movimiento; cuerpo y mente, sistemas fluidos que se mueven.

Las tensiones habituales inconscientes limitan nuestra libertad de movimiento y nos atrapan en patrones de conducta estereotipados. Al soltarlas podemos movernos con fluidez y encontrar apoyo en el propio cuerpo y en el campo gravitatorio de la Tierra. Cuando nos dejamos apoyar por la fuerza gravitatoria en vez de resistir a su tracción. estimulamos los procesos vitales en los órganos y retrasamos el proceso de envejecimiento.

Descubrimos que podemos desarrollar una relación de participación con nuestro entorno en vez de sentirnos víctimas de él o esforzarnos por dominarlo.